La fiesta estaba hasta el tope de gente, no se podía distinguir alma en la oscuridad, pero si pasión, de esa pasión que de un lugar en tu mente te lleva a otro te mueres y vuelves a nacer como algunos dicen, yo por otra parte esta en el éxtasis de mi cuerpo, no podía cargar mas con mis mismos pecados pero quería seguir bailando, yo toda de rojo como el diablo que traemos dentro todos, por mas santos que nos queramos ver, siempre tendremos dentro algún pecado oculto.
- te vas a partir la madre.
- déjala, pobre pendeja ya esta borracha.
- ha de querer que la violen con ese trajecito.
Dicen todos de mí, pero de que les sirve si lo dicen porque no están contentos con su propia alma, lo dicen porque es lo que son en el interior, nada más que humanos todos equivocados a la par que deseosos de sus pecados.
- Ya estoy cansada vamos a sentarnos un rato y después le seguimos ¿no? – pregunto casi gritando cerca de su oído.
- Como quieras, vamos por algo de tomar – me toma de la muñeca y comienza a medio empujar a la gente para salir de la pista de baile.
- Jaja me duele…
- ¿Qué te duele? – me pregunta volteando a verme preocupado y a la ves riéndose.
- Jaja El alma niño, el alma. – le contesto acariciándole una mejilla y salimos del gentío
Es Mario mi amigo de años, con el que comparto sufrimientos, alegrías, risas, llantos, todo lo positivo, todo lo negativo, todo lo nuestro. Desde que me rompieron el corazón por primera vez el ha estado ahí siempre para ayudarme como lo que me dice siempre que es, un amigo de verdad, desde entonces claro que comenzaron los rumores de que nos queríamos en secreto, mas aun de que nos tocábamos nuestras partes en la oscuridad.
Yo venia vestida de Rojo como diablita, con una capa enorme que guardaba debajo un atuendo muy provocativo, también un pequeño antifaz solo para los ojos, unas guantes con uñas de metal, el clásico trinche de las diablitas y unos tacones que me hacían quedar como puta, pero que aquí entre nosotros, se me veían excelentes. Nos sentamos en nuestra mesa con unos amigos de la universidad, ahí andaban todos borrachos y si no todos la mayoría, que bien saben las fiestas con sabor a “no me voy a acordar mañana” porque son de las que mas te acuerdas cuando te das cuenta que estas en un hospital o mejor aun muerto.
Tomamos nuestros respectivos bazos Mario y yo y junto con los demás brindamos por cualquier cosa que no fuera el sufrimiento nuestro, que esta noche es noche de desmadre, de excesos, de amor. Porque alguien en esta mesa se va a enamorar esta noche, alguien va a dejar caer la guardia una vez mas, quizás ellos no se den cuenta, quizás ellos así lo decidieron, en la oscuridad y sin secretos pensando que nadie se va a enterar, susurrándose en el secreto que lo suyo nunca podrá ser, pero rogando saber de donde viene ese sentimiento, rogando que esto apenas comience.
Alguien se regresara solo a casa esta noche, porque no todos encontraran lo que buscaban como siempre lloraran en la oscuridad sin nadie a su lado con quien gozar tendrán que comprar ese placer que durante tanto tiempo ha estado buscando.
- ¿Ya vamos a bailar o sigues cansada? – me pregunta Mario desde el otro lado de la mesa con su copa en mano dándole un sorbo chiquito yo le sonrió carismáticamente
- Si – le contesto con energía – vamos a seguirle
Regresamos a la pista de baile entre empujones y pisotones de pie, nos posicionamos mero en el centro yo con una peda increíble aun logro pararme y bailar sin caerme, elevamos nuestros brazos al cielo, ahí a donde todos queremos llegar junto a papa diosito pero no sabemos si algún día estaremos bajo su regazo. Mientras tanto bailamos cachondo cada vez mas y un poquito mas, todos lo hacen y Mario me coloca su pierna entre las mías puedo sentirlo por completo, pongo mis brazos alrededor de su cuello el se acerca mas a mi y dejo caer mi cabeza en sus hombros lo tomo de la nuca y le acerco mis labios a sus oídos, le susurro.
- Mario… Te amo – le digo inconciente o talvez inconcientemente a lo cual Mario se aleja de mi para poder verme la cara.
- ¿Qué? – Pregunta desfigurando la cara y deteniéndose por completo.
- Que te amo, ¿Nunca te lo habían dicho antes? – le pregunto bajando el rostro de nuevo.
- Ya estas borracha mejor nos regresamos a sentar
- ¡No! –le digo tomándolo de la muñeca y regresándolo a donde estábamos antes me sigue abrazando – de verdad te amo siempre lo he hecho, me has demostrado que eres alguien que vale la pena como hombre… de los pocos que quedan, de los pocos que he amado
- Estas borracha ya mejor nos regresamos – me detiene de los hombros y me sacude un poco
- Entonces ¿crees que mi amor por ti no es verdadero?, ¿Qué solo estoy jugando o estoy borracha?, ¿Es eso? Pues si es muy real solo que no lo podía expresar, ya veo que eres en el interior como todos, eso es, todos son iguales solo que a veces dan una cara para unos y otra para otros pero al final todos quieren lo mismo, cogerse a alguien y no pienso dejar que me lastimen de nuevo.
Me acerque de nuevo y le clave las uñas de los guantes por las costillas, de su boca solo salio un gemido y se fue recargando en mi.
- Es por mi propio bien vas a ver como un día me lo agradecerás y ese día estaremos juntos para siempre
- Marianaa – logro decir sin mucha fuerza tomándome fuertemente de los hombros.
- Ya pasara, pasara – levanté mi mirada entre la oscuridad entraba el mismísimo Diablo vestido de negro quemándome con su mirada, comencé a gritar, baje la mirada y grite mas al ver mis manos llenas de sangre. Pero yo lo amaba.
- te vas a partir la madre.
- déjala, pobre pendeja ya esta borracha.
- ha de querer que la violen con ese trajecito.
Dicen todos de mí, pero de que les sirve si lo dicen porque no están contentos con su propia alma, lo dicen porque es lo que son en el interior, nada más que humanos todos equivocados a la par que deseosos de sus pecados.
- Ya estoy cansada vamos a sentarnos un rato y después le seguimos ¿no? – pregunto casi gritando cerca de su oído.
- Como quieras, vamos por algo de tomar – me toma de la muñeca y comienza a medio empujar a la gente para salir de la pista de baile.
- Jaja me duele…
- ¿Qué te duele? – me pregunta volteando a verme preocupado y a la ves riéndose.
- Jaja El alma niño, el alma. – le contesto acariciándole una mejilla y salimos del gentío
Es Mario mi amigo de años, con el que comparto sufrimientos, alegrías, risas, llantos, todo lo positivo, todo lo negativo, todo lo nuestro. Desde que me rompieron el corazón por primera vez el ha estado ahí siempre para ayudarme como lo que me dice siempre que es, un amigo de verdad, desde entonces claro que comenzaron los rumores de que nos queríamos en secreto, mas aun de que nos tocábamos nuestras partes en la oscuridad.
Yo venia vestida de Rojo como diablita, con una capa enorme que guardaba debajo un atuendo muy provocativo, también un pequeño antifaz solo para los ojos, unas guantes con uñas de metal, el clásico trinche de las diablitas y unos tacones que me hacían quedar como puta, pero que aquí entre nosotros, se me veían excelentes. Nos sentamos en nuestra mesa con unos amigos de la universidad, ahí andaban todos borrachos y si no todos la mayoría, que bien saben las fiestas con sabor a “no me voy a acordar mañana” porque son de las que mas te acuerdas cuando te das cuenta que estas en un hospital o mejor aun muerto.
Tomamos nuestros respectivos bazos Mario y yo y junto con los demás brindamos por cualquier cosa que no fuera el sufrimiento nuestro, que esta noche es noche de desmadre, de excesos, de amor. Porque alguien en esta mesa se va a enamorar esta noche, alguien va a dejar caer la guardia una vez mas, quizás ellos no se den cuenta, quizás ellos así lo decidieron, en la oscuridad y sin secretos pensando que nadie se va a enterar, susurrándose en el secreto que lo suyo nunca podrá ser, pero rogando saber de donde viene ese sentimiento, rogando que esto apenas comience.
Alguien se regresara solo a casa esta noche, porque no todos encontraran lo que buscaban como siempre lloraran en la oscuridad sin nadie a su lado con quien gozar tendrán que comprar ese placer que durante tanto tiempo ha estado buscando.
- ¿Ya vamos a bailar o sigues cansada? – me pregunta Mario desde el otro lado de la mesa con su copa en mano dándole un sorbo chiquito yo le sonrió carismáticamente
- Si – le contesto con energía – vamos a seguirle
Regresamos a la pista de baile entre empujones y pisotones de pie, nos posicionamos mero en el centro yo con una peda increíble aun logro pararme y bailar sin caerme, elevamos nuestros brazos al cielo, ahí a donde todos queremos llegar junto a papa diosito pero no sabemos si algún día estaremos bajo su regazo. Mientras tanto bailamos cachondo cada vez mas y un poquito mas, todos lo hacen y Mario me coloca su pierna entre las mías puedo sentirlo por completo, pongo mis brazos alrededor de su cuello el se acerca mas a mi y dejo caer mi cabeza en sus hombros lo tomo de la nuca y le acerco mis labios a sus oídos, le susurro.
- Mario… Te amo – le digo inconciente o talvez inconcientemente a lo cual Mario se aleja de mi para poder verme la cara.
- ¿Qué? – Pregunta desfigurando la cara y deteniéndose por completo.
- Que te amo, ¿Nunca te lo habían dicho antes? – le pregunto bajando el rostro de nuevo.
- Ya estas borracha mejor nos regresamos a sentar
- ¡No! –le digo tomándolo de la muñeca y regresándolo a donde estábamos antes me sigue abrazando – de verdad te amo siempre lo he hecho, me has demostrado que eres alguien que vale la pena como hombre… de los pocos que quedan, de los pocos que he amado
- Estas borracha ya mejor nos regresamos – me detiene de los hombros y me sacude un poco
- Entonces ¿crees que mi amor por ti no es verdadero?, ¿Qué solo estoy jugando o estoy borracha?, ¿Es eso? Pues si es muy real solo que no lo podía expresar, ya veo que eres en el interior como todos, eso es, todos son iguales solo que a veces dan una cara para unos y otra para otros pero al final todos quieren lo mismo, cogerse a alguien y no pienso dejar que me lastimen de nuevo.
Me acerque de nuevo y le clave las uñas de los guantes por las costillas, de su boca solo salio un gemido y se fue recargando en mi.
- Es por mi propio bien vas a ver como un día me lo agradecerás y ese día estaremos juntos para siempre
- Marianaa – logro decir sin mucha fuerza tomándome fuertemente de los hombros.
- Ya pasara, pasara – levanté mi mirada entre la oscuridad entraba el mismísimo Diablo vestido de negro quemándome con su mirada, comencé a gritar, baje la mirada y grite mas al ver mis manos llenas de sangre. Pero yo lo amaba.
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