El mundo nunca se había visto tan pequeño desde donde estaba, todos esos problemas que a nivel de la tierra se veían tan grandes, ahora solo resultaban una pequeña molestia. Ahora entendía porque Dios nunca intervenía por ninguno de sus “hijos”.
Pensaba que aquella noche en especial, resultaba mas hermosa que cualquiera de las que en toda su vida hubiera visto, o mejor dicho sentido. La noche no resultaba ser fría ni calurosa, simplemente un clima excepcional, el cielo estaba despejado y permitía ver en lo alto a la luna brillando como en pocas ocasiones se le podía encontrar. La ciudad adornada con sus luces la hacia parecer un universo, el cual le resultaba ajeno desde su perspectiva, un universo que solo podría contemplar de lejos ya que en su interior no quería ser parte de el, solo sentía la necesidad de admirarlo de lejos como ahora lo hacia.
Por un instante sintió miedo al observar la ciudad y desvió la mirada hacia el otro lado donde se podía contemplar la completa oscuridad, aquello que todavía no había sido poblado, pero con certeza sabia que tal vez algún día seria igual tanto de un lado como de otro ¿entonces que le quedaría a él? No tendría donde ocultarse, no tendría donde sacar todos aquellos terrores que le causaba la ciudad ¿Qué podría hacer entonces? Nunca podría vivir en la ciudad con sus terrores, donde con tantas luces encendidas se notarían a simple vista, la ciudad no lo aceptaría con sus terrores y sus terrores no aceptarían a la ciudad con sus millones de luces.
Siempre podría alejarse de la ciudad cuando lo necesitara, pero ¿estaría dispuesto a hacer eso para el resto de su vida? Tal vez se cansaría algún día y hasta el sentiría lastima por sí mismo por haber vivido en una mentira durante su vida, sentiría asco y repulsión por haberse convertido en lo que alguna vez rechazo. Entonces se descubrió así mismo viendo al cielo, una calma le recorrió el cuerpo, ojala pudiera ir ahí, no necesitaría nada más porque ahí existía solo la dulce luz de las estrellas aquella que no le dañaba en la que podría ser quien de verdad era y no existiría nadie que no pudiera aceptarlo, pero el no buscaba quien lo pudiera aceptar, buscaba ser el mismo estuvieran a su lado o no.
Estaba confundido, no quería pensar en todo lo que se le presentaba enfrente. ¿Por qué le pasaba esto? Existían tantas preguntas por responder, que no le era posible concentrarse en una sola a la vez, ya no sabía si quería resolver todo o era mejor olvidarse de todas esas circunstancias que día a día despertaban con el, le acompañaban a la escuela, estaban ahí durante cada hora y regresaban a la cama con él para continuar una rutina que a la vez que lo hacía detestarse a cada paso más, lo iba acabando poco a poco.
¿Pero entonces tendría que olvidarse de todo lo bello de aquella ciudad tan iluminada? Tenía que reconocer que también existían cosas de la ciudad que le gustaba, todo aquello que en su momento le había dado felicidad y satisfacción nunca mas podría verlo si decidía irse a la oscuridad para siempre. No podría dejar ir así como así algo que tanto significaba para el, pero ¿qué podría hacer entonces?
Las palabras le resultaban insuficientes para describir, para solucionar, pero después de todo ¿Qué eran las palabras? Simplemente un modo de acercarse, mas no la expresión correcta, entonces nada de lo que había pensado anteriormente se acercaba a lo que sentía en verdad. Sus cuestiones ahora le resultaban ajenas a su conocimiento, a lo que consideraba antes como un terreno conocido, ahora ¿qué seguía? No podría conocer su verdadero propósito, porque no existían palabras para describirlo, era vulnerable ante cualquier cosa que se pusiera en su camino, estaba estancado en lo mas bajo que podría llevarlo su vórtice, ya para el no existía diferencia entre infierno y cielo, solo podría confiar entre el intermediario entre el mundo “real” y el divino, decidía acompañar al destino que la muerte le tenia preparado. Las lagrimas cayeron al suelo.
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